martes, octubre 22, 2019

Ficciones


Na.
No te pienso como tu crees, aunque vea las nubes desparramarse sobre las montañas de la Sierra y evite enviarte un mensaje.
No te apareces más, aunque las nubes suban de entre los caminos de la carretera hasta llegar al cielo y entonces todo se aclare.
Contestas las palabras que te envío, como si pescaras un anzuelo, pero el anzuelo es tuyo y yo lo he mordido. Luego revisas tus manos y piensas -No he sido yo- pero es demasiado tarde, por que en realidad eso nunca ha importado.
Y si te digo, veámonos que te invito una cerveza sin alcohol, no es que quiera absolutamente nada más que recorrer esta costumbre de sentir que nadie más entiende lo que entiendes, aunque también eso sea ficción.

viernes, septiembre 27, 2019

Surcos


Tengo miedo de escribir porque no sabría reconstruir con palabras los surcos de mi frente.

Tampoco sabría cómo borrarlos, quizá eso es lo que más miedo me da.  Sentir el latir del día escapándose por todos lados.

Así, sin entender nada o acaso sólo entender que no alcanzo a aferrarme ni a mi propio cuerpo.

 

Te escribo Santo, desde mi cuarto. Frente al espejo. Una mañana cualquiera.

Pero no escribo nada. La luz no llega hasta donde estoy. No sé si ha amanecido pues el blackout de la cortina no me deja ver.

O no sé, no veo de cualquier forma

¿Si prendo la luz, podría ver?

¿ver depende de la voluntad?

Saramago se aparece como fantasma y lo miro en el reflejo del espejo.

Volteo para atraparlo, pero se ha ido.

Vuelvo a mi cara.

Paso las yemas de los dedos por los surcos y entiendo su proporción.

La piel rugosa se resiste a ser recorrida. Como un camino agreste, me hace trastabillar y caer.

La sequedad entonces me envuelve. He caído al suelo árido y no hay nada alrededor. Escucho el siseo.

Quizá es lo que hay ahí dentro, llenando el espacio auditivo.

Ahora, sequedad y ruido.

Totalidad y sinsentido.

La llanura se extiende hacia los lados y el calor desdibuja todo lo que hay alrededor, inclusive la nada.

Las palabras siguen sin aparecer, tampoco se escuchan, se confunden acaso entre el siseo.

Y te grita. Algo te grita desde un lugar más profundo, desde donde nacen los surcos, desde donde nacen las ideas.

 

 

jueves, septiembre 26, 2019

Nada

La nada se acerca...
Destruye paredes del edificio donde me encuentro.
También las paredes de piedra de los bosques donde me encuentro.
Me encuentro. Me pierdo.
Me derrumbo, soy la nada

miércoles, abril 17, 2019

Hacerlas volver

Hace días que ya no siento el cosquilleo de las letras queriendo salir de mis dedos.
Hace días que las maté de inanición.
Pugnaban por salir y se me notaban bajo la piel.
Pero estaban desordenadas y sin coherencia... poco a poco fueron perdiendo su nervio y se disolvieron en mi sangre.

A veces, en medio de una junta, mi vista se nublaba con una E perdida por encima de mi córnea. Me tallaba el ojo para que se diluyera y se volviera a perder. No las dejaba insistir y poco a poco el silencio se fue apoderando de mí.

A veces, en medio del pasillo un colega me saludaba y yo me quedaba con la contestación en la boca, moviendo la mano en el aire sin poder contestar. El sólo se me quedaba mirando. Las palabras ya no estaban, pero yo no podía decírselo a nadie.

Me hubiera gustado explicarlo, pero simplemente no encontraba la forma...

Luego ya no sabía como inv c l s, cómo h rl s v l vr


martes, septiembre 04, 2018

Infiernos

Metiste -suavemente- tus dedos en mis heridas.
Ni siquiera lo vi venir, pero de pronto el agua lo cubría todo, otra vez.
Suspendida en medio de la inundación las cosas flotaban o caían al fondo. Todo estaba revuelto. Todo eso que antes parecía ordenado, con tarjetas de inventario y descripción detallada del ítem.

El agua deshacía el papel, todo el trabajo hecho parecía perdido. El infierno volvía, una vez más en forma de agua destrozándolo todo.
No escuchaba nada. Mi cuerpo doliente apenas podía voltear hacia las luces de la calle que titilaban en las luminarias de postes desvencijados. Algunas se apagaban de pronto, haciendo la inundación aún más oscura.
La calle desbordaba agua, apenas contendida entre crujir de muros, de ventanas. El ruido se transportaba en un eco ensordecido a través de la humedad.
Ya no había un final y ese nuevo río se extendía al infinito. Las casas ya no estaban habitadas, los perros callaban, los niños habían desaparecido. La pintura de las fachadas de las casas se desgajaba y las escamas agregaban oscuridad al agua revuelta.

Veía la bacinica de Diógenes cayendo a mi izquierda, la mesa del comedor con el vidrio roto, los libros flotando en todas direcciones, cayendo, subiendo, agitados por el movimiento del agua
¿Cómo habían llegado todos mis objetos íntimos a éste lugar?

Mis zapatos yacían entre las llantas de carros que se oxidan. En el fondo mis collares desperdigados entre el asfalto. Yo floto dando vueltas y observándolo todo con desesperación.

Estabas ahí. Eras la única presencia dentro del caos que se enunciaba desde tu boca, pero el agua no había salido de ti.
Surgió de esa misma presa que se rompía anteriormente. Una vez más el agua aparecía sin aviso y con una inmediatez arrasadora.
Sin embargo tu no estabas mojado.
¿Yo?
anegada
Ensordecida
Rota


Llevas uma semilla en la mano. Brilla entre la bruma del encharcamiento.
Mueves tus brazos para tratar de llegar a mí. Las sombras se esparcen con tus movimientos y los fantasmas siguen apareciendo entre mis ojos y el lugar donde te encuentras.
La luz trasluce entre las sombras y finalmente encuentras mi mirada. Siento una fuerza en mi mano y finalmente encuentro que la tuya me sujeta.

Enseguecida, distingo tu silueta, pero no tus razgos y el movimiento de mi cuerpo a la deriva, para.
No puedo verte del todo, y aunque escucho los ecos de tu voz, no distingo las palabras, apenas gemidos entre el agua.
Tu brazo firme nos conecta. Tu mano seca repele el agua justo entre los dedos donde me sostienes. El
agua se aleja en gotas movidas por un aire que emana de ti.

Nada se ha secado aún.
Pero el movimiento de las cosas desperdigadas por fin se ha detenido. Las reconozco una a una, por que son todas parte de mi vida. Sé, que han poblado esos vericuetos de éste río de claroscuros... mi mirada se pierde entre los colores desgastados de las cosas.
Tu mano me jala nuevamente hacía a ti y esta vez, mis ojos logran verte. tu aire transforma en gotas el agua que cubre mis ojos y se detiene en breves lágrimas entre mis pestañas.

Nada se ha secado, pero me muestras que hay un nuevo camino que se abre detrás de tus hombros y que atisbo entre los destellos de colores en los que se deshacen las gotas de sal.

El infierno destroza sus propias llamas, deshaciendo los archivos en los que se habían acomodado las cicatrices. Hoy no arden, hoy se anegan.
Tu aire mueve el río y empuja cosas viejas y oxidadas.
Nada se ha secado, pero las yemas de los dedos que te tocan sí, esas están secas ya y entre los dedos, hay una semilla de luz.

martes, agosto 14, 2018

Mil despedidas 1.0


Se desperenden de mis dedos las palabras.
Suenan los golpes sobre el tecleado, se estrellan como las olas del mar.
Saben a sal.
Huelen a mar.
El agua empapa mis manos.
Los tiempos propios no son tristes.
Mis tiempos propios son tristes.
Tal vez sólo melancólicos.
Tal vez sólo mustios, macilentos.
Me despido de ti, como siempre.
La lluvia cae afuera y la ventana besa lentamente las gotas.
Un gato las mira caer, sin mojarse, apenas participando en el evento, pero siempre desde fuera.
Espera que la lluvia termine, para salir a los tejados y posar apenas sus patas negras recorriendo la piel de los techos de las casas.
Espera para no empaparse.
Yo soy la lluvia, chocando contra la ventana, buscando alzarse como una ola y rebosarlo todo, donde no hay mar.
Resbala y esparcida,  socaba el suelo.

Yo soy el agua, estrellándose contra el cristal.
Estoy afuera, en tempestad.

jueves, julio 12, 2018

Santo, aparecido.

Tuve que llamar al periódico.
Lo hice justamente el día que los teléfonos no servían.
En la Jornada, la libertad es...
Y se cortaba.
Una y otra vez.
La libertad es nuestro compromiso.
Marque cero y una operadora le atenderá.
Pero nadie contestaba. A veces mi teléfono se cortaba.
Otras, los tonos sonaban hasta morir ahogándose en algún lugar entre Veracruz y San Luis Potosí.

Finalmente ese día no pude ni siquiera comunicarme con la operadora.
Las nubes se arremolinaban en el cielo y el frío cubría la tarde.
Imaginaba el rocío cubriendo las hojas de los árboles en Xalapa y te encontraba entre los renglones del libro donde yo juraba sentirte.

Sorbía mi café y encendía un cigarro.
Las volutas de humo gris se unían al cielo nublado.
¿Dónde te desvaneces Santo?
El día se termina.

En la jornada nuesto compromiso es la libertad.
La Jornada, buenas tardes. Busco a Juan Fernando Romero Fuentes.
La señorita no me quiso dar tus datos, sólo me confirmó que trabajabas ahí.
Respiro.
Cómo exigirle nada, si yo misma hago lo propio en mi pedacito de mundo.
En el recado le pedí que dijera que le llamaba Marycamembert. Ella escribió Marycarmen.

Horas después, a punto de dormir, mi teléfono te trajo con el viento del Este.
Mi sonrisa se escuchaba en las palabras que te decían cuanto te extrañaba, Santo.
Y tu, recobrabas tu cuerpo y tus palabras entre la bruma que te había hecho desparecer. Apareciste.
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